Enlatado...

Escrito por el 8 de noviembre de 2009

Advertencia: Post Terapéutico.

Hace tiempo ví una película (bastante cursi) en donde —si la memoria no me falla— se planteaba una pregunta bastante interesante:

"¿Qué pasaría si los recuerdos se pudieran enlatar y tuvieran fecha de caducidad?"

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Pienso que todos los recuerdos vienen ya enlatados y tienen fecha de caducidad; es sólo que no todos se conservan igual y unos caducan antes que otros: por eso algunos saben feo. Asimismo, creo que hay varios que están destinados a tener siempre un sabor amargo sin importar cuándo caduquen y viceversa.

El problema es que nadie sabe tirar la lata cuando el pinche recuerdo ya no hace más que amargarnos la existencia y, aún así, nos lo seguimos tragando (porque es bien sabido que vienen en unas pinches latotas que duran tanto como uno quiera).

Por lo anterior, supongo que todos tenemos algún tipo de lata que no queremos tirar y que están clasificadas en distintas categorías: desde la que se guarda como castigo hasta la que se conserva para ser saboreada como premio, pasando por la que sólo se usa para el desestrés... etcétera.

Honestamente, me importa poco el uso que cada quién le dé a sus latas, pero sí me gustaría saber qué tanto puede un recuerdo ser desgastado. Es decir, ¿cuánto tiempo aguanta uno tragando de la misma lata sin hartarse del sabor (independientemente de si sabe bien o no)?... Tal vez algún día se lo pregunte a un vagabundo o a cualquiera de esas personas que se pasan la vida sufriendo por un recuerdo que "no los deja vivir", quéséyo.

En fin, por ahora me retiro a preguntarme seriamente algo:

What happened to the post war dream?

P.D.: Siéntase libre de escupirme, querido lector, pero así lo pienso y es mi blog y es de mala educación escupir y entonces me tiene que respetar y putostodosmenosyo. Los quiero... enlatados.

18 Comentarios

  1. Malditas latas. Tu post está todo lleno de pinche razón. Hay algunas ya caducas pero que nos negamos a tirar que no sirven de nada, pero somos bien pendejos.

    Qué chido. Soy primero, ja. ¿?Qué gané

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  2. putas latas!!

    y estas que valen un poquito para todo como la cocacola? con esas qué hacemos?

    fuck!!

    y besos

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  3. Es cierto, nos aferramos a esas lastas/recuerdos como garrapatas a una oreja de un canino... Pero creo que se debe al temor a olvidar, de despertarnos un día y no sentir ESE recuerdo latiendo en el fondo de nuestras cabezas. Ya no tendremos excusas para nuestras miserias no para el desamor. A la final, todo recae en como nos vemos frente al espejo.

    Saludos

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  4. Muy poético Mole. Pero tienes razón, hay latas que no queremso tirar, tla vez porque no soportaríamos ver ese espacio vacío en la alacena.

    Saludos

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  5. En mi opinión, o más bien en mi experiencia. Sigues comiendo de la misma pinche lata porque tienes miedo a tirarla y que entonces te des cuenta que nadie sabe lo q tiene hasta que lo pierde y entonces la culpa te persiga por toda la eternidad pero siendo realistas a veces nada más acumulamos recuerdos por miedo a crear nuevos momentos. Y bueno como siempre la costumbre jodiendonos.

    Muy buen post. Me hizo pensar en mis propias latas!

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  6. Yo soy de las que olvida donde deja las cosas... Lo malo es que siempre termino acordándome donde las deje, así sea un año después.

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  7. Y, ¿qué pasa cuando alguien tiene una lata que no puede tirar, por más que intente hacerlo? ¿Por más que odie el sabor?

    ¿Qué pasa si toda la fuerza de voluntad, todo el uso de razón se vuelven contra ti cuando tratas de tirar esa lata llena de podredumbre?

    Un abrazo Mole.

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  8. Esas latas que mencionas solo afectan el ego del individuo, ha de ser como lo que pasa con las muelas, te duelen pero no quieres que te las saquen, o por ahi iba...

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  9. Ah, qué analogía tan chidita.
    Mis latas no tienen fecha de caducidad. Y si la tienen, les vale pito a las condenadas.

    Hay latas ya medias pútridas que no dejan de estorbar -pero así como que no me dejen vivir, pues no, no es pa' tanto- y otras que me alegran la vida aun habiendo transcurrido varios años de su proceso de enlatado.

    No tengo idea de cómo respondería la gente normal -grupo al que según el DSM IV no pertenezco- a tu pregunta.

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  10. Pues si mis latas tienen fecha de caducidad a mi me vale gorro; ni siquiera me fijo. Y en mi alacena personal, bastante revuelta por cierto, están apiladas todas las latas que he ido adquiriendo a lo largo de la vida, porque todas, de una u otra forma, me han llevado a ser la Eliechida que soy ahora.

    Y te voy a contar algo (acércate un poquito). Tengo una lata guardada desde que tenía ochos años (Tú sí sabes cuántos años tengo así que te das cuenta que ya llovió desde entonces) y jamás me he hartado de ella, me sigue provocando un gran placer no sólo sentirla o abrirla, sino nada más verla, así que no estoy de acuerdo con José José en ese asunto de "..que hasta la belleza cansa". Ni madres, hay cosas, pocas, debo admitirlo, que siempre te dejan un buen sabor de boca.

    Ouch, ya me pasé de lanza con tanto choro.

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  11. Buena analogía.

    ...pero también creo que hay latas a las que se les borró la fecha de caducidad y las guardamos por si acaso... o no?

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  12. No manches, que bueno lo describes ahh si yo tengo 2 que 20 latas que de verdad, ahi estan pudriendose pero no las elimino ahhh que coraje da...
    Exelente post
    saludos

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  13. lo feo feo... es cuando se hechan a perder, ni cuenta te das, y de pronto la abres pa probar y ascoooo te llenas la boca de gusanos puaj puaj
    jejejeje


    iuuu!!! por fin pude acordarme donde habia mirado tu imagen de abajo del titulo (el niño con una pelicula)... es de "Cinema Paradiso" jejeje ahy que recuerdos de mi clase de cine snif snif

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  14. Meh, aquí si no: yo tengo mis recuerdos siempre indubitablemente frescos. Buenos y malos, lo que pasa es que unos son de mala calidad. Pero no tienen fecha de caducidad. No sé si eso sea bueno o malo.

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  15. La memoria humana es fantástica. Viene en tres pasos y, para usar tu analogía de las latas, diríamos que existe una primera etapa en la que captas sólo una fracción de lo que será la lata. Quizá probaste un bocado y te pareció que el guiso completo sería fabuloso...

    Luego viene otro momento en que compras la lata y la pones en tu alacena. Podría quedarse ahí, quietesita, olvidada, sin volver a ti jamás... hasta que TÚ decides ir a buscarla y te la llevas a tu recámara. Y luego te enojas de que al levantarte y al acostarte la veas en tu buró.

    La tomas contigo y la llevas en el coche y al trabajo o a la escuela, y quieres tirarla, pero el mismo hecho de pensar en deshacerte de ella, hace que la agarres con más fuerza para el momento en el que definitivamente la lanzarás fuera de ti...

    Así somos los humanos. Olvidamos lo importante por que en su momento no le dimos importancia. Recordamos lo emocionalmente rudo, pues en su momento le dimos demasiada importancia... y así seguimos. Hasta que encontramos una nueva lata que nos ayude a depositar la anterior en un estante de la alacena nuevamente...

    Si al conocer a una persona, besarla, amarla... la vieras a los ojos y te percataras de que en su frente viene una fecha de caducidad impresa, atesoraríamos los instantes y nos dejaríamos llevar...

    Buena metáfora!

    G.

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  16. En ese caso, tengo todo un almacen de recuerdos de la misma marca, y pareciera que pasarán más años antes de su fecha de caducidad...

    Y cuando caduquen, correré a comprar más.

    Bonita droga.

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  17. Dios, pero qué buena idea...

    Sí, enlataré algunos momentos, propios y ajenos; jajajajajaja.

    XD

    Pop!

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