Archive for noviembre 2009

Tip finísimo XL

Tip XL: Mantenerte sobrio en una fiesta donde el alcohol —y los borrachos— abundan.... Además de brindar con tu botellita de agua Bonafont (y después Ciel) en una fiesta donde todos están tomando whisky, vodka, vino y cerveza, es... ¡Finíiiissssimo!

Tip cortesía de Salles y Jordy.

P.D.: Qué feo es no tomar, verdádedios. Los quiero... tomando.

Humor es... ¡Igor!

Con ustedes, mi siempre bien recibido sentido del humor:







Tip Finísimo XXXIX

Tip XXXIX: Comer sushi del que preparan en Walmart —o en cualquier otro supermercado—, es... ¡Finíiiissssimo!

P.D.: El post anterior ha sido actualizado con el link que faltaba. Los quiero... comiendo barato.

Lo mismo, pero más barato...

Últimamente he sentido como que me lleva la chingada, pero que a la mera hora me deja porque no le puedo pagar el costo de mi pasaje.

Y es que, durante las últimas dos semanas, mi existencia ha sido invadida por todo tipo de síntomas y malestares físicos (mismos que fueron tuiteados en su momento): fiebre, dolor de cabeza, infección en un ojo, dolor de espalda, tos, mocos, náuseas, dolor de estómago, etcétera... Tantos síntomas, que me llegaron a preguntar si no-será-que-soy-hipocondríaco: contesté que no.

Lo peor de todo es que cuando uno se enferma y se aísla, comienza a recordar cosas que había omitido durante mucho tiempo (como medida de supervivencia). Eso me pasó: el fin de semana pasado comencé a reflexionar sobre "daños" que hice y terminé extrañando a varias personas (mujeres) que —evidentemente— ya no están conmigo...

En ese punto, mi malestar ya no sólo era físico; ya también tenía remordimiento y me dieron ganas de levantar el teléfono para hacer un par de llamadas pidiendo disculpas o de mandar e-mails y SMS con el mismo propósito. Por lo anterior fue que hice lo que me pareció lo mejor para terminar con todo tipo de malestares y remordimientos: Visité a mi médico de confianza (sin albur, cerdos).

Se me diagnosticaron problemas gástricos y fui recetado con medicamentos no-muy-baratos-que-digamos, pero cuyo precio consideré justo con tal de no tener que tragarme mis palabras y mi orgullo... Así es, evité el tener que tragarme aquellas dos cosas que, según tengo entendido, saben horrible.

Hoy ya  me siento a toda madre, pero tendré que dejar el alcohol —ahora sí— hasta nuevo aviso. Y sufro por eso. Mucho.

En fin, espero que brinden por mí durante mis tiempos de sobriedad.

P.D.: Iba a linkear a un post anterior donde hablo de algo similar a lo que hice en esta ocasión, pero no lo encontré. Los quiero... hipocondríacos.

ACTUALIZACIÓN:
Éste es el post que no encontraba. Justo así me sentía (de nuevo). Gracias a todos por sus comentarios, les recuerdo que SIEMPRE son leídos. Los quiero... lejos.

[Ctrl + Alt + Supr]

Advertencia: Reflexión baratísima. Siéntase libre de no leer este 'post'.

No recuerda muy bien la sensación que experimentó al descubrirlo; simplemente lo describe como algo que se sintió "culerísimo". Y es que enterarse, por mera deducción y sin más pruebas que la lógica, de que uno es adoptado, debe ser algo muy cabrón... Por eso mismo, él decidió irse a vivir a otro país; total, de todos modos tenía que reconstruirse.
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¿Qué tan difícil es renunciar al pasado y empezar desde cero? Supongo que sólo unos cuantos lo saben: Muchos lo intentan, pero pocos lo logran. Todos quieren algo mejor, pero no están dispuestos a lidiar con el sacrificio que el intentar conseguirlo les traería.

Ser adoptado y no saberlo, es una culerada. Siempre lo he dicho. Es aquí donde entra el cliché: todo lo que creías tuyo, ya no lo es... Y, claro está, uno tiene que investigar FORZOSAMENTE. Sí, existe quien toma las cosas con madurez y deciden aceptalas tal cual: —¡misgüevospardosqué!—.

Dudo mucho que los personajes maduros que aceptan las cosas 'así nomás', lo hagan por estar agradecidos. Pienso que no lo hacen por miedo... Sí, miedo a enterarse que fueron no deseados o qué-sé-yo. Y más miedo les da el hecho de saber que, el conocer la verdad, implicaría el tener que empezar desde cero: cambiar la cama suave y cálida por un catre que resultaría mucho más cómodo (porque en el catre podrían hacer lo que no pueden en su cama: descansar).

Hoy escribo esto porque últimamente he conocido a varias personas que viven de hacer las cosas que no disfrutan (y apenas se dieron cuenta) y que se mienten una-y-otra-vez con tal de no aceptar lo que realmente son y así evitar el miedo que implica volver a empezar. Lo anterior, casi siempre alegando que "ya es muy tarde para empezar"...

"Son mamadas de dedo", dijo una vez algún sabio filósofo —cuyo nombre no recuerdo—: Saber lo que uno quiere y vivir negándolo (por miedo a perder las comodidades que se tienen) es lo mismo que ser adoptado, enterarse repentinamente y no querer hacer preguntas.

Y ya me largo a la chingada. Tengo un nuevo padre que visitar en la cárcel... ¡Bazinga!

P.D.: Hoy no hay posdata. Los quiero... adoptados.

Enlatado...

Advertencia: Post Terapéutico.

Hace tiempo ví una película (bastante cursi) en donde —si la memoria no me falla— se planteaba una pregunta bastante interesante:

"¿Qué pasaría si los recuerdos se pudieran enlatar y tuvieran fecha de caducidad?"

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Pienso que todos los recuerdos vienen ya enlatados y tienen fecha de caducidad; es sólo que no todos se conservan igual y unos caducan antes que otros: por eso algunos saben feo. Asimismo, creo que hay varios que están destinados a tener siempre un sabor amargo sin importar cuándo caduquen y viceversa.

El problema es que nadie sabe tirar la lata cuando el pinche recuerdo ya no hace más que amargarnos la existencia y, aún así, nos lo seguimos tragando (porque es bien sabido que vienen en unas pinches latotas que duran tanto como uno quiera).

Por lo anterior, supongo que todos tenemos algún tipo de lata que no queremos tirar y que están clasificadas en distintas categorías: desde la que se guarda como castigo hasta la que se conserva para ser saboreada como premio, pasando por la que sólo se usa para el desestrés... etcétera.

Honestamente, me importa poco el uso que cada quién le dé a sus latas, pero sí me gustaría saber qué tanto puede un recuerdo ser desgastado. Es decir, ¿cuánto tiempo aguanta uno tragando de la misma lata sin hartarse del sabor (independientemente de si sabe bien o no)?... Tal vez algún día se lo pregunte a un vagabundo o a cualquiera de esas personas que se pasan la vida sufriendo por un recuerdo que "no los deja vivir", quéséyo.

En fin, por ahora me retiro a preguntarme seriamente algo:

What happened to the post war dream?

P.D.: Siéntase libre de escupirme, querido lector, pero así lo pienso y es mi blog y es de mala educación escupir y entonces me tiene que respetar y putostodosmenosyo. Los quiero... enlatados.

Rosa Venus

NOTA: Este post forma parte de la serie: "Cosas absurdas que me producen alegría en momentos de ocio..."

Hoy quiero pedir un enorme aplauso para reconocer a un héroe que ha sido ignorado desde hace mucho tiempo: el jabón chiquito.

Dudo mucho que exista un aroma que evoque más recuerdos y sentimientos que el del 'rosa venus' y sus semejantes. Nomás hay que analizar un poco para notar que la hipocresía, el éxito, el cinismo, el descaro, el placer, el interés, el amor y la gloria —además de muchos otros sentimientos, sensaciones o recuerdos más— tienen algo en común: el olor a jabón chiquito.

El entrar a un hotel/motel acompañado de alguien me parece uno de los rituales más chingones que tiene el ser humano... Sí, fuimos castigados con el pudor, la vergüenza y el poco valor como para no atrevernos coger en las calles como lo hacen los perros (aunque hay sus excepciones —de personas, no de perros—, pero a cambio de eso podemos disfrutar del entrar a un lugar perfectamente adaptado para que las piernas abiertas y los miembros correspondientes convivan en sana armonía.

Llegar, actuar, terminar y largarse (previa ducha con jabón chiquito) sin tener que preocuparse por tender la cama o poner en orden lo desordenado es algo digno de apreciarse.

Es por eso que hoy, querido lector, le propongo un experimento para cuando sienta que la vida no le está saliendo bien:

Échese un bañito con 'rosa venus' y notará usted la estúpida e inesperada sonrisa que se dibujará en su rostro.

P.D.: Sí, llevarse los jabones y otros productos de los hoteles es ser finíiiissssimo. Los quiero... oliendo a jabón chiquito.

Sigo vivo: "¿Semos o nos hacemos?"


I

Desde mi punto de vista, el “puto”, junto al “chingatumadre” y el “pendejo”, es uno de los insultos más usuales… Y supongo que esto se debe a que abundan (tanto los putos como los insoportables y los pendejos) según el nivel de intolerancia por parte del agresor.

Dentro de mis (tantas y estúpidas) teorías, pienso que ser homosexual en una sociedad como ésta es como ser el gordito del salón en la primaria: se comparte el mismo salón, pero nadie quisiera ser él.


NOTA: Post creado gracias a la invitación que me hicieron para participar en el aniversario de aquel congal. Vayan y digan qué les parece. Gracias.