Archive for octubre 2010

Temporal

Nunca había comprendido bien el concepto de la insignificancia, hasta hace poco que me convertí en un usuario frecuente del metro (que no es lo mismo que típico). Los mares de gente que salen de quién sabe dónde con rumbo a quién sabe dónde compartiendo un mismo espacio a menos de un metro de distancia me sorprenden de manera casi infantil. 

La cercanía de tantas personas ignorándose entre sí me causa mucha curiosidad y por eso, sin importar lo mucho que detesto a los chilangos, me invento historias que encajen con el tipo de rostros que veo: la mayoría tristes, enojados y/o preocupados, muy pocos inspiran tranquilidad. Otras veces simplemente me hago pendejo y también los ignoro; después de todo, me ponen de mal humor.

Pienso que estamos rodeados de gente que renovó sus sueños o disminuyó sus aspiraciones con tal de hacer más llevadera la frustración:
El que soñaba con ser futbolista se convierte en comentarista casi al mismo tiempo que algún licenciado se compra su primer taxi. Las que sueñan con ser actrices terminan sacando provecho de su belleza en otras áreas de la mejor manera que pueden; los escritores con novelas a medio terminar  se dedican a escribir cosas que odian; los músicos cambian la fama por la intimidad de algún bar o la comididad de un mariachi, al igual que los pintores que dan clases y los directores de cine que terminan dirigiendo comerciales. De los revolucionarios que terminan al servicio del sistema mejor no decimos nada. Eso sí, todo es de manera temporal... Y etcétera.

Me pregunto si terminaré siendo igual de conformista que los entes anteriores. Lo dudo, pero igual voy tomando mis precauciones: ya estoy pensando en a quién le echaré la culpa (no me gustaría culpar al gobierno ni a Dios) y ahorrando para comprarme un taxi. O dos. 

La verdad es que nadie sabe nada; lo más probable es que les termine presumiendo lo bella que es mi esposa y lo inteligentes que son mis hijos... No se crean, eso tampoco pasará.

Ya. Mejor oremos por no morir siendo insignificantes y regalémonos hartas carcajadas.

Antipatía

Usar y tirar. Tirar y pisar:
Todo junto y revuelto.

Colecciono miradas y caricias que no necesito pero agradezco. Apilo libros que nunca leo y tiro las películas antes de verlas. Recuerdo sólo las cosas que me convienen y me deshago de todas esas personas que no me sirven para nada. Ninguna me sirve para nada. Cuestiono constantemente la existencia de Dios y me burlo de aquellos que temen ser condenados al infierno. 

Me río de la gente que apoya movimientos y causas sociales. Idiotas con dinero y tiempo libre. El existencialismo me parece absurdo. Pienso que la forma más natural de ser es no siendo nada, por eso desconfío de las personas que sueñan con ser famosas, con trascender: me provocan una sensación muy rara, algo entre asco y risa.

Estoy lejos de creer que los hombres puedan ser románticos, todas sabemos que sólo quieren meter el pito y salir corriendo. Total, siempre terminarán enamorados de la puta que les hable más bonito. Lo sé por ser la puta que habla más bonito.

Sólo existe un alguien al que haya querido más que a mí... y a ese alguien lo quiso más la muerte.

P.


Vagabundeo

Admiro a los vagabundos, más por imaginación que porque se lo merezcan. Me gusta pensar que todos tuvieron sus grandes logros y momentos, pero, como no supieron lidiar con la realidad, prefirieron inventarse una en donde la mugre sea su reino y la nada sea su límite: 
Conformismo disfrazado de grandeza, debería ser una religión... Cierto, ya todas son así.

Me gustan las historias de éxito que terminan en fracaso. Es demasiado interesante lo complejo que resulta elegir el camino a seguir —o la manera de hacer ciertas cosas— y lo fácil que brotan los instintos para decidir y sabotear lo establecido. Magia. 

Disfruto ver la transformación y decadencia de aquellos personajes que parecen inspiradores, tan llenos de aspiraciones, pero que se hartan del esfuerzo inútil y deciden tomar el camino fácil: nada mejor que ver cómo un microbio se alimenta sin control y termina estallando.

Algunas veces me siento identificado con ese tipo de historias, otras me causan mucha risa, quizá por eso no veo nada de malo en las personas que se aprovechan de su belleza o su inteligencia, o de la estupidez ajena, para conseguir cosas. De hecho, me resulta repugnante la gente que se queja de los integrantes del primer grupo. Es más, apuesto a que no saben ni siquiera contestar objetivamente qué hay de malo en sacarle provecho a lo que uno tiene; hablarán de límites, de moral y de respeto, pero cualquier conclusión terminaría resumiendo envidia.

Me sienta identificado o no, opino que algunas personas deberían aprender mucho más de todos esos personajes que intentan y fracasan; que sufren pero consiguen; que se hacen pendejos. Por eso me da tanta risa la gente que se la pasa comparando lo actual con sus mejores momentos: "Es que fui/tuve/hice/me respetaron". Pendejos que no se dejan ir.

"Ya te quiero ver", dirán. "Miren cómo me hago pendejo", contestaré.

No me burlo, simplemente prefiero pensar que la solución a todo es simple: 
Seamos como cuando éramos niños jugando a ser adultos.
Ahora, si me disculpan, tengo un saco de vagabundo que llevar a la tintorería.