Archive for diciembre 2010

Irrelevancia

Nunca he sido bueno armando listas de relevancia. Al momento de crear un top ten, siempre estaré seguro de los tres primeros lugares y, después de pensar un chingo, terminaré enlistando mucho más de diez cosas. Después purgaré la lista y seguirán quedando más de diez. La purgación no haría falta de no ser porque —como ejemplo absurdo— tiendo recordar primero la canción de coro pegajoso en lugar de aquella que me hizo vibrar el escroto. Parece lógico, pero no debería.

Pasa lo mismo cuando tengo que mencionar una sola cosa. Si me preguntan por mi libro, película, etcétera favoritos, no sé qué contestar; contesto más de una opción o tiempo después reacciono diciendo "ahquépendejo, si me gusta más esto otro…". Y seguro la persona que me lo pregunte pensará que soy simple y que ay, pobre de mí. Qué sé yo.

Lo anterior solía preocuparme. Mi falta de talento para enlistar cosas de interés y mi nulo sentido de relevancia me hacían sentir simple. Envidiaba en silencio a todas esas personas capaces de mencionar eso que les gusta en el orden correcto. En fin, estaba yo en conflicto. Sentía que me faltaba ese chip medidor con el que muchos parecen sentirse a gusto, hasta que noté que no es tan grave como parece; que no pasa nada; que todo está bien. Ya, ya, cálmate.

Y es que finalmente comprendí que ese acto de ordenar cosas por su relevancia resulta ambiguo. Al menos para mí, que hay días en los que disfruto lo mismo escuchando una canción que sacándome la pelusa del ombligo. ¿Cómo se maneja ahí la relevancia? ¿Por valor histórico? ¿Por complejidad? Sí, ya sé que son cosas totalmente diferentes, pero qué. No sé, me ha pasado que lo que hoy me gusta mañana ya no. Soy desconfiado, he ahí el problema. No son las listas, soy yo. Y me vale verga. Por eso he decidido dejar de preocuparme por los lugares que le asigno a cada cosa y desconfío vulgarmente de cualquier top ten. Además, lo verdaderamente relevante pocas veces necesita ser mencionado.

Explico esto porque hoy venía con toda la intención de contarles lo mejor de mi año, pero me vi fracasando en el intento. Y también supongo que les vale verga.

Larga vida a las epifanías del 2010, eso sí.

Envidia disfrazada

Platico con un vagabundo. (Parafraseando). Me cuenta sobre las extrañas maneras que ha tenido de matar gente en su memoria. Jura no saber nada acerca de su pasado y dice no recordar qué fue lo que lo convirtió en un practicante del ovido. Admirable mentiroso. 

Ese asunto de pensar en el pasado como una mejor época siempre me ha parecido absurdo, pero igual de inevitable. Incongruencias. 

Pienso en la nostalgia como una manera muy discreta de envidiar la felicidad ajena. Y no lo veo como algo malo sino como algo genial. Sin embargo, me intriga la gente que se estanca ahí. Por eso, supongo, existe la gente grinch y los amargados incapaces de soportar que otros tengan placeres simples y pendejos. Se hunden esperando que alguien los saque a flote, como si algo así fuera a suceder.

Si bien la mayoría del tiempo me quejo del mundo, estoy lejos de emputarme realmente por la manera de ser de alguien más: "let it be, güey" (todo, claro, siempre y cuando no te mayuguen de más el escroto). Ésa es la razón por la cual siempre busco distraerme con pendejadas, tal vez para ignorar lo importante. ¿Contradicción? Quién sabe. La verdad es que critico por hobbie, pero eso es otro pedo. Laifisgud.

Escribo esto porque conozco a la persona más feliz del mundo, y también a la más triste. Ayer las vi juntas: la primera ignora todo y la segunda piensa demasiado en el pasado. Me pregunto si algún día la segunda encontrará la respuesta que tanto busca y si le servirá de algo. 
Al final me limité a mirar con gusto cómo la primera contagiaba a la segunda con un algo de risa. Qué momento.

Pero bueno, quizá no entiendo nada. Felices brindis.

Groserías

Me gusta caminar con los brazos abiertos cuando el viento sopla fuerte para ver si puedo elevarme. ¿Qué tan pesado puedo estar? Además, he visto las noticias cuando hablan de huracanes y he notado que el viento es demasiado fuerte. Mamá sólo ríe y me dice que no es tan divertido como suena. Le contesto que no me importa y me dice que no sea grosero. No entiendo.

Hace unos días estuve mirando a las palomas, deben ser los animales más felices en la ciudad. Toda la gente se la pasa quejándose del tráfico, o de cómo viajan apretados a todos lados; las palomas seguro se burlan de todos ellos: simplemente abren las alas y llegan. Supongo que los perros y demás animales deben envidiarlas. No debe ser fácil ver a un ser tan libre con un ser humano esperando que seas comprensivo con él desde tu jaula, tu casita o con una correa al cuello. Puaj. También me imagino los concursos que organizan para atinarle a la gente con su caca en la calle. Qué divertido.

Mi mamá y mi hermano me preguntan para qué quiero volar. Me pone triste que me lo pregunten como si fuera algo malo. Les digo que no sé y comienzan a reír. La única razón que tengo es que me gusta cómo se siente el aire en la cara cuando corro y supongo que volando se ha de sentir aún mejor, además de las cosquillas en el estómago. Pero ellos no entenderían eso.

Ayer caminaba de nuevo con los brazos abiertos y mamá me preguntó qué haré si el viento nunca me levanta. Le dije que me convertiría en paracaidista. Me dijo que eso es algo muy peligroso. Le contesté que no me importa. Me pidió que no fuera grosero.

Creo que mamá vive enojada porque el viento la olvidó. Alguien debería explicarle que es más grosero burlarse de mí.

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T.

Autores autobiográficos

Considero que no hay mejores magos que los grandes contadores de historias. Esos que se toman el tiempo para mirar bien a su alrededor y plasmarlo aún mejor. Esos que son capaces de convertir cualquier objeto en un personaje.

Pienso en todas las grandes historias como el pensamiento adelantado al sentir del mundo. Como eso que uno nunca supo que se podía decir. Por eso, creo, nos identificamos con canciones, libros, películas, pinturas y etcétera.

Me gustaría conocer a las diferentes personas que han inspirado las historias con las que me identifico en diferentes momentos, sólo para aprenderles un poco. O para comprobar que a mí no me hubieran servido de la misma forma. Quién sabe, lo único cierto es que disfruto mucho de conocer personas que no se saben geniales; de observarlas y aprender; de imaginarlas en diferentes situaciones. Así nomás: porque sí. A ver si así. O no.

Y es que siempre he pensado que los verdaderos genios son aquellos que inspiraron al ídolo a escribir su historia. Eso podría explicarlo todo. Creo.

Los dejo con su canción en repeat, o con su libro desgastado, o con su pintura favorita, o con lo que sea que les cuente una gran historia... A ver si así me explico mejor.