Archive for enero 2011

Cavernicolismo

Esta semana he mirado varias veces el vídeo de Katy Perry en el Victoria's Secret Fashion Show. Dios, vaya coctel de papayas. ("Unga-bunga"). Me intriga la manera en que tanta belleza —entiéndase: mujeres que están lejos de ser comunes; envidiadas y deseadas en  grandes cantidades— llega a pasar desapercibida al formar parte de un ambiente en donde ser perfecta es normal, y hasta obligatorio. Se redefinen los adjetivos calificativos: lo que comúnmente parece asombroso, en casos así se convierte en un "Ah, sí merece estar aquí". Y así, con tristeza, la exageración va desapareciendo. Supongo.

Escribo esto mientras miro la fotografía de lo que considero una hermosa mujer en vestido rosa. Pienso en todo lo que ella y la fotógrafa podrían estar pensando, o al menos eso intento. No se me ocurre nada relevante; de hecho, me gustaría saber si existe alguna foto de esa sesión en donde se le vean los calzones. También me pregunto qué pasará cuando las modelos envejezcan y miren las fotos que tan humildemente captaron sus mejores rasgos: el aumento en la elasticidad de la piel no creo que pueda ser ignorado. Recuerdo a Brigitte Bardot y pasó de una erección a reírme del humor tan ácido que tiene Dios al hacer que se manifeste el tiempo. Culero.

"Tienes un issue con el pasado", me dijeron esta mañana y se me zangoloteó el cerebro. Genio.

Desconozco si se entiende lo que quise decir, pero algo se entenderá. Clávense en la textura mientras Darwin se revuelca en su tumba.

Comedia

Somos bromas de mal gusto en un mundo de comediantes sin futuro, sin noción de la realidad.

Lo digo porque deberíamos aprender a reírnos de lo propio antes de lo ajeno. Falta de evolución, supongo.

Propongo que nos limitemos a existir con humor real: el involuntario.
A.

Bromas discretas

Me gustaría experimentar el nivel de ilusión que tienen las gorditas que andan para todos lados cargando y presumiendo sus dos litros de agua diarios. Y las envidio. No por gordas con voluntad, sino por su voluntad. Así nomás.

Analizando un poco más, me doy cuenta de que todos somos hasta cierto punto como la gente que vive a dieta. O la que compra cosas a crédito. O la mujer que se maquilla camino a donde sea. O el cuarentón que se inscribe en el gimnasio. O la mamá que experimenta con una nueva receta. O las parejas que se prometen eternidad. O etcétera. El punto es que a todos, en mayor o menor escala, nos mantiene vivos la ilusión. Siendo fatalistas, la gente sin ilusión está en su mayoría muerta. Por eso me intrigan tanto los vagabundos.

Los ejemplos que pongo son bastante absurdos, pero casi puedo ver a Dios con un control remoto frente a su pequeño universo convertido en pantalla. Riéndose. Cambiando el canal para ver y disfrutar de las diferentes situaciones a las que se somete la gente con tal de que sus ilusiones tomen forma. It's alive!, gritarán muy pocos.

Queda claro que las ilusiones de cada quién deben respetarse, aunque no por eso todas pierden gracia. Las mías, por ejemplo, son de las que más me burlo. En secreto, eso sí.

Resumiendo: 
Creo sinceramente que ilusión no es más que sinónimo de chiste en algún idioma desconocido y celestial. Pero qué.

Estrellas estúpidas

Hoy recordé una conversación entre féminas que escuché hace un par de meses. Se encontraban después de algún tiempo de no haberse visto. Después del saludo y el protocolo estúpido, sucedió algo como lo siguiente:

—Te noto muy delgada, qué bonita te ves.
—Gracias; sí, bajé mucho de peso.
—¿Por qué? ¿Estás haciendo ejercicio? ¿Alguna dieta? Deberías pasármela porque blablablablablah… (me desconecté).
—No. Es que me dejó mi novio.

En ese momento entendí que la verga engorda y da felicidad.

Por supuesto que no pude evitar seguir escuchando. La mujer que había notado la pérdida de peso le dijo a la Ahora-flaca-con-ojos-llorosos que no estuviera triste, que el tipo que la dejó no sabía de lo que se había perdido. No sirvió. La mujer rompió en llanto mientras yo intentaba no reír. Y contener la risa fue una sabia decisión, ya que momentos después se solicitó mi opinión con algo así como "¿O tú qué piensas?". Me dieron muchas ganas de contestar algo del tipo "Pienso que tu amiga está bien pendeja", pero no lo hice; me limité a decir

Hay más culos que estrellas.

La mujer que había notado la pérdida de peso sonrió y se limitó a decirle a la chillona: "¿Ves? ¿Qué eres?". A lo que la chillona respondió "Estrella".

Rompí en llanto. No habían entendido nada. Qué cruel es el mundo, morirán solas.

Disociación

Recuerdo haber conocido a la persona con la mejor memoria del mundo. Era capaz de recordar los nombres y los rostros de absolutamente todas las personas que cruzaban por su vida, además de las diferentes situaciones y temas de conversación intercambiados con cada una. La capacidad que tenía para mencionar la fecha exacta de cada suceso era lo que más me sorprendía de él. Irónicamente, era huérfano. Aunque recordaba con exactitud el día y la hora en que murieron sus padres, nunca quería hablar de eso, se limitaba a decir que habían muerto en un accidente cuando él tenía seis años. Alguna vez le pregunté si tenía más familia y me dijo que no. Nunca me gustó preguntarle más de lo que me quería contar. Después lo dejé de ver.

Hace unos meses lo llamaron del hospital para informarle que su hermano había sufrido un accidente y que buscaban donadores de sangre. Colgó pensando que era broma; la curiosidad lo hizo visitar el hospital. Al entrar en la habitación de su hermano, descubrió que tenía un gemelo al que no recordaba en absoluto. He visto gente desmayarse, pero nunca nada como eso. Pareció haber muerto de la impresión. Despertó después de un par de horas en el sofá del cuarto, junto a su hermano. No sabía qué decirle, así que sólo dijo lo primero que se le vino a la mente:

—¿De dónde saliste y por qué apenas te apareces?
—Tú no tuviste la culpa —contestó el extraño.
—¿De qué hablas?
—Del 26 de Octubre de 1986. Tú no tuviste la culpa.

Salió del cuarto sin decir nada, dejando al moribundo cumplir con su función.

Se necesitaría desempolvar nuestro juguete favorito abandonado, y que éste cobrara vida contándonos todos esos recuerdos que hemos eliminado, para entender una mínima parte de lo que él sintió. Esas ganas de llorar de felicidad le resultaban ajenas, por eso se espantó cuando salió la primera lágrima. Por eso corrió a esconderse y dejó pasar el momento. Por eso se mató.

Los recuerdos reprimidos se tratan con respeto, entendí.
 
M.