Archive for julio 2011

La sonrisa de muy pocos

Hay anécdotas muy tristes que comienzan como si fueran chistes y desde ahí se jode todo. La intención es hacer que no parezca nada grave, dar a entender que todo está bien, supongo. Pero no lo está, y ahí el gran problema: es imposible entender la magnitud de algo serio cuando quien cuenta la historia intenta suavizarla desde el principio. No se puede opinar correctamente (de lo que sea) sin tener un panorama real de lo acontecido, quiero decir. (Aunque eso tampoco nos impide hacerlo). Como sea, no creo que sea posible plasmar o explicar por completo el dolor emocional. Es más, dudo que el protagonista siquiera logre comprender su propio sentir. De ahí la gran demanda de drogas, terapeutas, deidades y creencias tan carentes de razón. De ahí las ganas de la gente por compartir su tristeza y sus fracasos, y también el exceso de alegría al momento de presumir un logro. De ahí mis absurdas suposiciones, como esto. De ahí que la gente se ofenda cuando intentamos minimizar sus problemas. De ahí que todo me importe nada.

Tal vez lo que digo sea un poco subjetivo, ya que muchas veces ataca la exageración y uno sufre por cosas sin sentido. Y por muchas veces me refiero a siempre. Casi. No sé, pero sí creo que cuando algo afecta demasiado a alguien es difícil que lo cuente por ahí como si nada pasara. La vulnerabilidad no es motivo de orgullo, es demasiado molesta —y modesta— para serlo. Pero igual, ¿por qué no habría de ser así?

Hablo sobre esto porque a últimas fechas me he visto atrapado en situaciones así: quien sufre no lo sabe contar y se enoja cuando recibe una respuesta fácil. O peor, se enoja más cuando no se le dice nada:

—No sé ni para qué te cuento si no me vas a decir nada —dijo.
—Yo menos, ni siquiera te pregunté nada —contesté.

Y así nació, otra vez, una invitación a la chingada. Me hubiera gustado decirle algo, pero de verdad nunca tuve intenciones de entender lo que le pasaba.

Más de una vez he visto gente llorar por la muerte de algún personaje cercano a su vida o por alguna gran pérdida (desde ilusiones hasta lo material), y de igual manera he visto a otros (incluyéndome) fracasar intentado consolar al que está en sufrimiento. Por eso me cae mal la gente que sufre por tonterías y no me soporto cuando me encuentro en situaciones así. Tal vez por eso confío tanto en la opción múltiple y creo religiosa e infinitamente en el humor involuntario. Por eso quizá para mí todo es una tontería.

Hoy todo es un tal vez, pero también pienso que la palabra "ayuda" debe ser la más difícil del vocabulario. Tengo la teoría de que es la última palabra que nuestros padres intentan enseñarnos. O lo que primero quieren que olvidemos.

"Insensible", me han dicho muchas veces. No me importa:
Sé que doy mucho por la sonrisa de muy pocos. Y eso me da gusto.

P.D.: También me declaro exagerado de clóset.

Opción múltiple

A veces intento detenerme a pensar y observarme desde afuera para ver si así entiendo por qué hago lo que hago, y cómo lo hago. Nunca funciona. Busco cuestionar cada una de las cosas que realizo, pero termino dándome la razón y estando de acuerdo.

Y es que ahora pienso que cualquier decisión es una pregunta de opción múltiple en la cual todas las posibles respuestas son correctas según lo que se decida en la siguiente y en la que sigue y así sucesivamente. Sin embargo, disfruto creyendo que hay un poco de azar detrás de tanto pensamiento para dar una respuesta, algo que se encarga de hacer que las piezas encajen aunque no tengamos ni idea de lo que estamos haciendo. Llámese Dios, destino, suerte o sus etcéteras, misteriosamente, las cosas terminan acomodándose. Es como si por instantes las piezas de tetris cobraran vida y escogieran, aunque no encajen de inmediato, el lugar que saben nos traerá mejores resultados. No todas, sólo unas cuantas.

No trato de argumentar a favor de la fe ni de la suerte, pero me ha pasado que a veces me torturo pensando que he tomado una muy mala decisión y resulta que sin esa decisión tan maldecida no habría pasado la cosa genial que vino después de haberla tomado.

Tampoco se trata de un "todas las cosas pasan por algo" dicho por algún optimista en pleno funeral o después de alguna tragedia, sólo estoy diciendo que hakuna matata. Lo digo porque también hay algo que me hizo preguntar infinitamente: "¿Por qué a mí?".

Hoy sigo sin saber por qué a mí, pero he aprendido a obtener más provecho y menos quejas de eso.

Lo que quiero decir es:
El pasado importa, según las instrucciones, pero importa poco. Y el futuro no se va con cualquiera. Sabias putas.

No sé, supongo que confío demasiado en mi instinto* y al final resulta que no es tan pendejo. No es pendejo pero sí borracho, qué bonito loop.

*Instinto, así le llamo yo al Dios, destino, suerte o sus etcéteras de cada quien. Lo acabo de descubrir.